La Izquierda y yo

Hace meses, desde mis cuentas de Facebook y Twitter, comencé a criticar y a cuestionar fuertemente al entonces candidato de las izquierdas, Andrés Manuel Lopez Obrador, y a su movimiento rumbo a la elección del primero de julio del 2012.

Prácticamente en todas las imágenes que compartía, todos los enlaces y todos los tweets y cambios de estado que escribía, alguno de mis contactos intervenía. Algunos lo hacían arrojando supuestas pruebas de mi error. Aseguraban que yo estaba “manipulado y mal informado” por los medios de comunicación y me decían que no viera Tele-risa y TV-apesta. Todos ellos afirmaban que yo era priísta y un corrupto. Otros eran un poco más agresivos y me decían que era una vergüenza de persona y para mi país. Nunca faltaba una que otra mentada de madre. En ocasiones se desataban debates de más de 80 comentarios.

La verdad es que yo no tengo un carácter fácil; los insultos sí me calentaron y empecé a hacer lo mismo que ellos. Cada vez que veía una imagen a favor de AMLO y de sus diversos simpatizantes, como el #YoSoy132 o Elena Poniatowska, comentaba algo que sabía no les iba a gustar. Los llamaba “pejezombies”, “more-nazis”, arrastrados, etcétera. Tiempo después me arrepentí de esto y solo me dediqué a responder las agresiones.

No estoy seguro, pero creo me eliminaron —y hasta me bloquearon— aproximadamente 40 contactos, incluidas 2 ex-maestras de la carrera—a las que admiraba mucho—, una buena amiga y un par de primos. El momento en que el número contactos disminuyó más rápidamente fue, precisamente, la noche de la elección cuando se dieron a conocer los resultados preliminares que, como todos sabemos, no beneficiaron a Lopez. Creo se sentían confiados de ganar y cuando no sucedió, bueno, se enojaron.

Me costaba trabajo entender el porqué de esta reacción hasta que la semana pasada me encontré con un cartón de Paco Calderón en el que decía: “La izquierda se ve a si misma como la lucha por la humanidad, esto es la justicia, la libertad, la solidaridad, la cultura, la ciencia, el progreso y la paz”. Ok, si esto fuera cierto entonces todos seríamos de izquierda. ¿Quién en su sano juicio podría estar en contra de tales ideales? Nadie. Es por eso que cada vez que los derrotan, los de izquierda solo ven complots, fraudes y fuerzas oscuras.

Pero ¿porqué si la izquierda es la nobleza encarnada, lo único que vemos de ellos es la confrontación, el vandalismo, el chantaje, la ira, la intolerancia, el caudillismo, la dictadura y la violencia? Siempre que protesta la izquierda lo hace combinando recursos legales con otros que no lo son. Siempre llevan niños a todas sus marchas para usarlos como pequeños escudos humanos. Cada que los granaderos se empiezan a acercar alguien en la muchedumbre grita ¡hay criaturas!

Los jóvenes de izquierda no entienden el error en el que caen ni la clase de gente a quien están siguiendo. Como dice el dramaturgo Sergio Zurita: los populistas como AMLO viven de la pobreza. Sin pobres no tienen chamba. Por eso la defienden y la glorifican. Por eso odian a los que saben hacer dinero, porque un empresario genera empleos. Lo que ellos quieren es dinero, no trabajo. Pero es evidente que desprecian a los pobres. Primero les decían agarren todo lo que les den y ahora resulta que la gente humilde son unos vende-patrias conformistas.

Ahora también salen a decir ¡Abre los ojos!, ¡Despierta! La sola expresión ya indica que quien la dice se siente poseedor de la verdad. Ellos saben que TÚ estás equivocado y quieren enseñarte el camino correcto.

Lo más triste de estos “mexicanos despiertos” es que creen representar a la mayoría, cuando es realidad se trata de una minoría, eso sí, muy gritona y escandalosa. Y con las redes sociales, su poder para hacer bullicio se magnifica. Creen que atascando el Facebook con su consignas están demostrando que todo el pueblo está en contra de la dichosa “imposición”. En la calle, en el internet, en las universidades, estos grupos no representan a todos, pero su agresividad ahuyenta a lo demás que no piensan igual que ellos.

Ser joven y estar en contra de Lopez Obrador y todo lo que él representa es nadar contra la corriente. Ser un individuo es muy difícil. Los que no pueden serlo se refugian en la turba, en la masa anónima. Mi nombre es Gustavo Perez Ortiz, si tienen algún comentario pueden hacerlo aquí.

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De Película

¿Qué bonito es estar de flojo? era la pregunta que se hacía El Callado en el momento en que se acordó de que tenía un exitosísimo blog. Querido lector y querida lectora, no se lo tomen a mal, hay miles de preocupaciones acumulándose en las espaldas del Callado y por tomarse un respiro el espíritu creador lo abandonó como novia de rancho. No se alarmen, que si bien esta semana la creatividad no tocó la puerta de Elca, tampoco este los dejó sin nada que leer. Por esa razón, una lista de las mejores frases de las películas favoritas de Elca serán vertidas (siempre es bueno usar la voz pasiva) en esta entrega. Que las disfruten es el más sincero deseo de Elca y, en una de esas, vean la “pelí” que sea de su agrado.

 

De qué sirve confesarme si no me arrepiento. El padrino III

 

La muerte es segura, la vida no. Día de entrenamiento

 

El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existía. Sospechosos Comunes

 

El artista miente para mostrar la verdad; el político, para ocultarla. V de Venganza

 

Siempre digo la verdad, incluso cuando miento digo la verdad. Cara Cortada

 

El pez más grande es así porque no se deja pescar. El Gran Pez

 

O mueres como el héroe o vives los suficiente para convertirte en el villano. Batman, El Caballero de la Noche

 

Pelea, no bueno; pero si tener que pelear, gana. Karate kid

 

La soledad me ha perseguido durante toda mi vida, por todas partes, en los bares, en los coches, en las aceras, en las tiendas, por todas partes, no tengo escapatoria, soy un hombre solitario. Taxi Driver

 

La nostalgia es negación. Negación del doloroso presente. Media Noche en París

 

Te odio, Dios. Te odio como si existieras. El Ocaso de un Amor

 

Lo que sentimos no es importante. Es completamente irrelevante. Lo único importante es lo que hacemos. The Reader

 

Sólo hay una persona que puede decidir lo que voy a hacer, y ese soy yo mismo. El Ciudadano Kane

 

La maldad usa muchas máscaras. La más peligrosa es la máscara de la virtud. Sleepy Hollow

 

Caballeros, ¿debo recordarles que, mis probabilidades de éxito, aumentan en cada nuevo intento? Una Mente Brillante

 

Yo no creo en la suerte, creo en el trabajo duro. Match Point

 

Toma las rosas mientras puedas.Veloz el tiempo vuela. La misma flor que hoy admiras, mañana estará muerta. La Sociedad de los Poetas Muertos

 

Lo dulce no es tan dulce si no existe lo amargo. Vanilla Sky

 

Le doy a todos mi sonrisa, pero sólo a uno mi corazón. El Quinto Elemento

 

La infancia acaba cuando sabes que vas a morir. El Cuervo

 

No se puede confiar en alguien que no tiene nada que perder. Los Infiltrados

 

¿Quién es más loco: el loco o el loco que sigue al loco? Star Wars episodio IV- Una Nueva Esperanza

 

Que seas una persona no significa que tengas una personalidad. Tiempos Violentos

 

Desleal es aquel que se despide cuando el camino se oscurece. El Señor de los Anillos, La Comunidad de Anillo

 

Dios y yo.

He recurrido a la oración en muchas ocasiones, sobre todo cuando no podía dormir. Me ponía a rezar padre-nuestros hasta que finalmente lograba conciliar el sueño. Después descubrí que repetir cualquier frase indefinidamente, como la letra de una canción, tenía el mismo efecto. También me comunicaba con Dios cuando tenia una prueba importante, como cuando hice el examen de admisión a la universidad, pero sin importar lo mucho que rezara solo si conocía las respuestas podría aprobar. Le daba gracias a Dios cuando he estado muy enfermo y me curaba, pero después me volvía a enfermar. Entonces deje de rezar.

No podía evitarlo; me críe en una familia católica como casi todas las familias mexicanas. Los padres creen que es correcto inculcarles el temor a Dios a sus hijos tal y como ocurrió con ellos en su infancia. Me bautizaron, me mandaron a una escuela de monjas, al catecismo para hacer mi primera comunión y mi confirmación, me llevaron a la Basílica de Guadalupe y todas las tradiciones que existen, pero nunca sentí que eso sirviera de algo. No deje de creer en Dios; nunca creí en él.

Quiero estudiar las religiones del mundo en algún momento de la vida. Me gusta la teología y la mitología porque me parece la mejor prueba de que ni Dios ni ningún otros ser divino existe. Cada cultura creó su propios dioses en base a su experiencia y a su observación. Los egipcios crearon dioses con rostros de animales de su región, al igual que los hindúes y los mayas. ¿Porqué los mayas no tienen un dios con cara de elefante? porque en Yucatán no hay elefantes. Dios fue la explicación que le dieron los humanos primitivos al universo, la respuesta al porqué de las cosas. Se acaba de anunciar el descubrimiento del Bosón de Higgs con una confianza de 5 sigma —es mucho, créanme—. A estas alturas del avance científico no podemos seguir pensando que, en menos de una semana, un Dios creó todo el Universo.

Sigue arraigada la adoración a Dios por que nos reconforta pensar que hay algo más. La última vez que fui a misa fue por la muerte de un familiar lejano. El sacerdote dijo algo muy cierto pero enredado: la gente hace la misa para el muertito, los rosarios, la cruz, el novenario, etcétera, para sentirse mejor. Cuando alguien muere lloras, pero lo haces pensado en ti —¿Qué voy a hacer ahora que te fuiste? —. La religión nos ofrece la posibilidad de reencontrarnos con nuestros seres queridos, arreglar los problemas, para volver a abrazarlos de nuevo, en un lugar imaginario. Si le rezamos a nuestro difunto le estamos ayudando a entrar al cielo y él nos lo agradecerá cuando nos reunamos. Sin embargo, nadie de los presentes en la misa se dio cuenta.

Se que muchos creyentes dicen que como nunca me ha pasado algo grave, como nunca he caído, como nunca he estado a punto de morir, no creo en el Creador, pero yo les preguntaría ¿Es necesario fracasar y sufrir para creer en Dios? Si les dijera que sí he sufrido, que me he sentido un fracasado, que he tenido miedo de morir un par de veces y que, sin embargo, no creo en el Señor ¿qué pensarían de mí?

Respeto a las personas que creen en Dios, pero detesto a aquellos que quieren que yo también lo haga. Creo que la religión, en particular la católica, tiene miles de errores e inconsistencias. El celibato me parece una estupidez. La falta de sexo, en mi opinión, es uno de los factores que han llevado a muchos sacerdotes a abusar de menores.

Agradezco todas las cosas que, directa o indirectamente, han surgido de la adoración a Dios. La música Gospel. Sin Gospel no tendríamos el Blues, sin él no tendríamos Rock and Roll, y sin este, Rock. Muchos artistas talentosos siempre han mostrado su fe en el Supremo y los admiro. Es un recurso literario maravilloso. Lo divino es motivo para muchas pinturas y para obras arquitectónicas magnificas. Dar y recibir regalos en Navidad me parece fabuloso, y las vacaciones de Semana Santa, ni se diga. Todos esto no me hace ni me hará creer en el Señor. Háganlo ustedes pero no me pongan en sus oraciones.

En equipo de cinco

 

Desde que estudiaba la secundaria me di cuenta de que algo pasaba cada vez que el maestro decía que el trabajo era en equipo. Si tenias oportunidad de escoger con quien trabajar, las cosas funcionaban de maravilla. Pero cuando el maestro te indicaba con quiénes tendrías que organizarte para la tarea, la cosa era siempre un desastre.

 

Casi de inmediato emergían los roles que cada alumno iba representar. Uno se convertía en el líder y empezaba a tomar decisiones e, incluso, a dar ordenes. El líder tomaba el mando del equipo no por tener una necesidad de poder y superioridad, sino por que ningún otro integrante del equipo lo hizo. Al ver la indiferencia del resto, el liderazgo tiene que surgir en él. Otro era el que decidía cooperar con el incipiente líder, mientras que los otros dos o tres “compañeros” únicamente y en el mejor de los casos, hacían acto de presencia, y en el peor, estorbaban.

 

Al final, el equipo obtenía un 8 de calificación. Estoy convencido de que si el que tuvo que tomar el mando del equipo hubiera presentado el trabajo él solo, seguramente hubiera sacado 10. En cambio, los dos o tres que no hicieron nada, a duras penas hubieran obtenido un miserable 6. ¿Quién se benefició de trabajar en equipo?

 

Esto se repitió en el bachillerato y hasta en la universidad. Siempre que se trabaja en equipo, los más beneficiados son los que menos trabajan. Se genera un vínculo donde un hombre trabaja para otro sin recibir una recompensa a cambio. Esto, querido lector, se llama esclavitud.

 

No niego que es posible el triunfo en equipo, pero este solo es posible cuando 100% de sus integrantes se encuentran al mismo nivel tanto de capacidad como de compromiso. Cuando tan solo un miembro de ese conjunto no está aportando del mismo modo que sus compañeros, entonces el equipo no funciona. Otra condición importantísima para que el equipo trabaje es que todos realmente quieran y sepan trabajar en equipo. Si uno no se encuentra cómodo en el equipo, por más talentoso que este individuo sea, no podrá explotar su potencial.

 

Susan Cain explica que, en una cultura donde se valora el trabajo en equipo por sobre el talento individual, la gente tiene que trabajar en grupo aun prefiriendo hacerlo solo. Por esto último, estoy seguro que ningún sistema que requiera el compromiso de todos para sacar adelante a la nación puede funcionar. Si en un equipo de cinco personas únicamente se comprometen y trabajan dos y los otros solo observan y esperan la calificación, ¿qué les hace pensar que todas las personas de un país pueda ponerse a trabajar juntas?

 

Indudablemente habrá quienes no hagan nada y estos serán los verdaderos beneficiarios mientras que los pocos que sí trabajen —tal vez motivados por una sincera creencia en ese sistema, y otros, a la fuerza— serán los esclavos. Es por ello que no creo en el socialismo, que desprecio el comunismo, que me aterra el fascismo.

Por eso creo que el sistema más justo es el capitalismo. La palabra “capitalismo” proviene del latín caput que significa cabeza. Se entiende como el sistema económico que utiliza la cabeza, la mente, para producir riqueza. El que sea más inteligente y logre usar esa capacidad para producir riqueza lo hará, el que no, no. ¿Qué puede haber más justo que eso?

 

Trabajar, y que el producto de tu esfuerzo se traduzca en dinero, y que con ese dinero puedas obtener el producto del esfuerzo de alguien más. Esa es la belleza del dinero. El intercambio de bienes y servicios. Ser libre de comprarle a aquel que te ofrezca el producto de mayor calidad, y luchar con la competencia por quien le ofrece lo mejor a los clientes es lo que permite que los pueblos salgan adelante.

 

No quiero caer en el cliché de tratar de encontrar el hilo negro del problema de la economía en México, lo que si quiero hacer es decir que solo el individuo, y no el pueblo, puede salir adelante, que la frase “el que no tranza no avanza” es mentira. Que en un régimen de libre competencia siempre habrá vencedores y vencidos, y no nos podemos enfocar en que todos ganen sino que todos tengan las mismas probabilidades de ganar, y lo que determine el triunfo o el fracaso sea la capacidad individual.

 

 

 

Un Secreto

Cuando era niño soporté todo tipo de abusos por parte de mis compañeros: me ponían apodos, me pegaban, me quitaban el dinero, etcétera. No solo fui víctima; siempre que pude fastidiar a otro, lo hice. En ese tiempo no se llamaba bullying, sencillamente era ––y sigue siendo–– la ley de la escuela.

Nunca fue un tema fácil de tratar con mi papá. Su consejo era simple: “Tu también pégale. No te dejes”. En una ocasión llegué empapado a casa. Dije que me había caído en una fuente, pero la verdad fue que me empujó un tipo que medía el doble que yo.

La burlas ––que en la primaria eran constantes, y en la secundaria, insoportables–– casi desaparecieron en la preparatoria. Cuando por fin me sentí aliviado fue al entrar a la universidad. Un día, regresando de la facultad, caminaba frente a los balcones de una secundaria vespertina. De momento sentí que algo cayó en mi cara. Noté un olor a disolvente y traté de limpiarme el ojo derecho. Vi que mis dedos estaban machados de blanco. Me habían aventado corrector.

Tenia manchas blancas en todo el rostro, el cabello, la sudadera, la mochila, los pantalones y hasta en los zapatos. Estaba furioso. Podía imaginar al niño lanzando el chorro, observando su trayectoria y esperando a que diera en el objetivo para después ocultarse y reír. Pensé en reportarlo o esperar al chico a la salida, pero no vi quien era. Ese asunto no tenía remedio.

Ya en el departamento, tire la sudadera y los pantalones arruinados a la basura, me bañé, y mandé el suceso al mismo rincón oscuro donde yacen los otros malos recuerdos.