No hay alternativas al desarrollo

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Hoy presencié mi primera conferencia universitaria, pero como profesor. Empezó a las 16 horas. El tema del coloquio era la sustentabilidad. Para mi sorpresa, ya que la convocatoria fue algo apresurada, cuando llegué al auditorio de la facultad, este ya estaba lleno. Escuché al primer ponente hablar sobre ecotécnias desde la puerta.

Para ser sincero, no tenía ganas de ir. Trabajo en una universidad pública que, como todas las universidades públicas, es marxista.

Yo no soy marxista, no creo en ninguno de sus preceptos. Marx fue un intelectual de izquierda equivocado cuyas ideas han matado más personas que cualquier enfermedad.

No me extrañó que el ponente expresara ideas muy aceptadas entre la comunidad de izquierda. Que el calentamiento global es culpa del ser humano sin dar pruebas de ello, más bien aceptándolo como dogma; que los transgénicos son malos para la población cuando no existen pruebas de efectos tóxicos en humanos y, solo enfocándose en sus posibles efectos sociales; que los problemas originados por el petróleo son más bien políticos, y un largo etcétera.

No me iba a quedar a escuchar a la segunda y última participante del coloquio porque a las cinco de la tarde empezaba mi clase. Llegué al salón y solo estaba un alumno. Me dijo que a sus compañeros les dijo otro maestro que era obligatorio asistir a la conferencia, pero como él no lleva esa materia no se quedó. No tuve más alternativa que cancelar la clase y regresar al auditorio.

El nombre de la presentación era “Alternativas al desarrollo y pensamiento ambiental” por la doctora María Luisa Echenhagen Durán. Ella hizo mucho énfasis, tratando de ser clara, que su ponencia no era sobre las alternativas “de” desarrollo, sino las alternativas “al” desarrollo. Usó el ejemplo de que las alternativas del Rock son las diferentes corrientes como el Progresivo, el Clásico o el Metal, mientras que las alternativas al Rock son cualquier otro tipo de música, como el Merengue o el Jazz.

Las alternativas al desarrollo son cualquier cosa diferente al desarrollo. Pero, quitando todas las frases rebuscadas que no llegaban a ningún lugar, la verdad es que, la alternativa al desarrollo es el no desarrollo, el no progreso, el regresar a la era de las cavernas, el retroceso.

Volver a vivir como vivieron nuestros antepasados, o como viven muchos grupos de personas en las selvas de Sudamerica: desnudos, pero en “armonía con la naturaleza”. Es cierto que en las diferentes culturas prehispánicas se pueden encontrar obras arquitectónicas y de ingeniería impresionantes. Que las tecnologías que usaron les sirvieron. Que no necesitaban una botella de agua potable para sobrevivir. Sin embargo, sus tecnologías funcionaron en un mundo que ya no existe, porque el mundo, sus habitantes y las necesidades de estos cambiaron y seguirán cambiando con el tiempo.

Esas tecnologías que son “alternativas al desarrollo” no son más que aquellas tecnologías usadas por nuestros ancestros y que fueron abandonadas por otras que simplemente son mejores.

Por ejemplo, en Cuba, bastión donde tanto el comunismo como su dictador se niegan a morir, se dio a conocer la llamada Toalla Sanitaria Ecológica. La toalla, además de absorber el flujo menstrual, evita entrar en el ciclo comercial del “capitalismo salvaje”—cualquier cosa que eso signifique—. Esta consiste simplemente en múltiples capas de tela absorbente las cuales son lavables y reusables. Horror. No puedo pensar en ninguna mujer que quiera agregar a los malestares propios de su periodo, la tarea de lavar trapos empapados en su propia menstruación.

Puedo entender que nuestras abuelas, en su juventud, tuvieron que recurrir a esas prácticas, más obligadas que por gusto, ya que no había otra alternativa. El desprecio al progreso, a la riqueza y al desarrollo les hace pensar a estas personas que el retroceso es la verdadera opción para el futuro. Y así como esta supuesta solución existen muchas otras sacadas del baúl del olvido por aquellos que desprecian el progreso.

Creo que más que preocupación por el medio ambiente, a estos intelectuales los mueve el odio y la envidia. El satanizar el poder ganar dinero y querer inculcar la idea de que ser rico es malo me parece aberrante. Como dijo Winston Churchill: “El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria.” Obviamente no quieren progreso, quieren que todos seamos pobres.

En su intervención la doctora solo tuvo un punto acertado y es que no es fácil saber cuáles son las necesidades de la gente. Más haya de lo obvio, como el agua y el alimento, la gente quiere y aprecia cosas distintas. A esta conclusión llegó la ponente después de ver que las estufas solares instaladas en algunas comunidades indígenas no fueron utilizadas por la gente a la que se suponía iban a ayudar y a mejorar sus condiciones de vida.

Los grandes empresarios de la historia se hicieron millonarios porque supieron predecir qué era aquello que la gente necesitaba. Incluso cuando esos productos ni siquiera estaban en sus mentes, la gente las terminó valorando y necesitando. Puedo entender que si fracasas y tu producto no lo quiere ni el perro te va a dar envidia por aquellos que sí lograron crear un producto exitoso.

Esta envidia de los intelectuales de izquierda la explica mejor Jesús Huerta de Soto en una de sus clases que fue grabada y se puede ver en YouTube. 

A demás de sus terribles ideas, la colombiana era una pésima oradora. Hablaba mucho sin decir nada. Incapaz de completar una idea o de llegar a una explicación simple y llana. La doctora hablaba y hablaba tanto que al final le tuvieron que quitar el micrófono. Como dicen, “choro mareador”. De las tres preguntas que le hicieron no pudo contestar ninguna. Uno de mis alumnos hizo una de las preguntas, en la cual le pedía un consejo sobre un problema. Él dijo que, junto con unos amigos, estaban pensando en una solución al alto “consumismo” de botellas de PET y que habían encontrado muchos obstáculos para concretarla. En su respuesta, la doctora habló del valor del dinero, del trueque como una alternativa al desarrollo, de pensar diferente, que el sistema nos “lava el cerebro”, pero nunca, NUNCA, respondió a la pregunta.

¿Fui  yo el único o alguien más en el auditorio se dio cuenta de esto?

Lo que veo con terror es lo fácil que pueden ser manipuladas las mentes de los jóvenes. Si alguien que ostenta cierta autoridad te habla de tal forma que parece que es algo muy complejo y que no entiendes, no es porque seas joven y tonto, es más probable que se trate de algo que no se entiende porque, simplemente, no tiene sentido.

Yo alguna vez lo fui: un adolescente de izquierda. Pero ese pensamiento duró poco en mí. Me resultaba injusto, y lo sigue siendo hasta ahora, que en el socialismo los que trabajan no puedan disfrutar del fruto de su esfuerzo ya que este les es arrebatado en forma de impuestos, con la excusa de que este dinero se ha de redistribuir entre los que menos tienen, pero la mayor cantidad se queda en el bolsillo de los políticos. La izquierda quiere controlar tu dinero y para ello inventa y fomenta mentiras que solo llevan a que el gobierno de izquierda controle más tu economía. Los impuestos verdes, las regulaciones por el cambio climático, los bonos de carbono, impuestos al cigarro o al refresco están supuestamente destinados a mejorar tu vida, tu salud y tu planeta, pero en realidad solo representan más dinero para los políticos que no producen nada.

Repito, no hay alternativa al desarrollo más que el no desarrollo, el estancamiento, el atraso. Las energías alternativas me interesan por que la sociedad sigue creciendo y es un carro que no se puede detener. El petróleo se acabará y habrá que remplazarlo por otras fuentes de energía y quiero estar del lado de los que ofrecen una verdadera alternativa, no de aquellos que quieren regresar a dormir en cuevas, comer carroña y morir en la miseria.

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Un pensamiento en “No hay alternativas al desarrollo

  1. Sergio dice:

    Muy buen articulo, ma pasa así en mi esuela a menudo con algunos profesores sobre todo del area de humanidades y artes, condenan y satanizan el capitalismo con un vaso de starbucks al lado…. en fin, pienso que un pueblo prospero es un pueblo más culto, con un pueblo más culto los intelectuales ya no tendrían ese lugar de gente pensante en la sociedad, tendrían más competencia, tal vez por eso no quieren que nos desarrollemos…

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