La chica de Ipanema

La conmemoración de la batalla de Puebla es muy importante para Zacapoaxtla por el famoso batallón local que participó en la contienda. 10 días de celebración que culminan el 5 de mayo con un gran desfile. La feria rebosa de espectáculos de todo tipo. Sin duda, una buena oportunidad para olvidarse del tedio pueblerino.

En uno de esos festejos, cuando cursaba el bachillerato, una comparsa brasileña se presentó en el Teatro del Pueblo. Mi mamá, junto con mi tía y mi abuela me pidieron que las acompañara. No solía hacerlo, pero por tratarse de bailarinas en biquini, no me quedaba de otra.

Encontramos lugares en la primera fila. Mis amigos observaban desde uno de los balcones del Palacio Municipal. Querían que subiera con ellos, pero la vista era mucho mejor desde donde yo estaba.

En el clímax de la presentación, toda la compañía descendió de la tarima. Los hombres sacaban a bailar a la primera señora que encontraban, y las mujeres, al que tuviera la boca más abierta. Una mulata de ojos verdes y un rubio musculoso caminaron hacia donde estábamos. En ese momento vi a mi alrededor y noté que yo era el único hombre en toda esa sección. El rubio tenía a muchas de dónde escoger, pero ella iba por mí.

Era demasiado tarde para huir; la chica ya estaba enfrente. Para colmo, me coqueteó y me llamó con el dedito. Me levanté muerto de vergüenza. Ella tomó mi mano y me jaló. Me decía Baila, nene pero mis pies no respondían. No podía dejar de ver su escote. La chica, en su desesperación, me tomó de los hombros y me zarandeó para que reaccionara.

Terminó la canción. Ella me vio con lástima y me dio un beso en la mejilla. Todos aplaudieron; me derrumbé en el asiento y cubrí mi cara con las manos.

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Reseña del concierto de Radiohead en el Foro Sol 17/04/2012

Es increíble la capacidad de Radiohead para crear ambientes que atraviesan los oídos y llegan hasta lo más profundo de tu alma hasta, como dice Thom en “Karma Police”, perderte por un minuto.

Los conciertos tuvieron lugar, como hace 3 años, en el Foro Sol; un sitio gigantesco, no pensado para conciertos que, sin embargo, ha servido de escenario para los más grandes iconos del Rock. Yo únicamente, y muy a mi pesar, asistí al primero de ellos. No por falta de dinero, si no por autocontrol —no quiero terminar como una belieber—.

Radiohead estaba programado para encabezar los dos fines de semana del Festival Coachella 2012. Si tienes avión privado, la Ciudad de México queda a tiro de piedra por lo que la banda aprovechó para dar 2 shows aquí en medio de sus presentaciones en California.

A los originarios de Oxfordshire los acompañaron Other Lives y Caribou. Al escuchar a estas dos bandas fue fácil entender porque fueron invitados para abrir los conciertos. Ambas tienen una gran influencia de Radiohead en sus composiciones. Other Lives tiene la melancolía de las letras de Thom Yorke por todos lados. La interpretación del vocalista junto con los arreglos de las canciones fueron de gran agrado para los presentes, por lo que la banda no recibió insultos ni les aventaron basura, como suele pasar.

Después llegó la lluvia, de esa lluvia que no te deja empapado pero ¡ah, como chinga! Salió Caribou, una banda con un gran baterista y que un frontman que le pone arreglos electrónicos a las canciones, lo que te hace recordar al Kid A, el disco más “artificial” de Radiohead. No se extendieron demasiado, por lo que la emoción de ver a los asistentes preparar el escenario para la banda principal no se hizo esperar. 40 minutos de conectar cables, probar las guitarras, los bajos y las percusiones, checar los micrófonos, los monitores, las luces, las cámaras, etcétera, etcétera. En está gira, Clive Dreamer, baterista de Portishead, acompaña a la banda en un segundo set de batería que le da un toque diferente a las canciones, en especial, en las del nuevo disco, The King of Limbs.

Y entonces, se apagaron las luces. Los gritos ensordecedores llenaron la penumbra cuando una tenue luz azul surgía de atrás del escenario y empezaron a caminar los músicos hasta tomar sus puestos. Thom Yorke fue el último en entrar, saludó brevemente al publico y, posteriormente, empezaron a sonar las primeras notas de “Bloom”.

Un escenario maravilloso: Una cortina de tubos de luz al fondo, una pantalla de, al menos, 3 metros de alto y que rodeaba todo el campo visual. Pero lo más impresionante eran las 12 pantallas colgantes, las cuales, cambiaban de posición entre canciones. Cada una proyectaba el rostro de uno de los 6 integrantes de la banda en diferentes ángulos y con diferentes matices.

Ed O’Brien, en un elegante saco oscuro y un sombrero, era el que quedaba más cerca de mí. Se notaba realmente alegre y entusiasmado. El publico mexicano ya no es un desconocido para él por lo que pude percibir la confianza en su mirada.

Los movimientos de Thom le demuestran a cualquiera que el rock no es sólo ruido, drogas y sexo, también es emoción, es sentimiento, es vida. Él usaba una chamarra de cuero y traía su rubio cabello recogido en una coleta, que se fue soltando poco a poco mientras avanzaba la noche.

Agradecí mucho el lugar en donde me tocó estar parado. El mexicano, por lo general, va a los conciertos no a escuchar a la banda sino a cantar con ellos. Se saben todas las canciones y no se callan en toda la noche. Pero esta vez quede rodeado de gente más sensata que no me gritaban en la oreja y pude disfrutar plenamente cada una de las canciones. Pude gozar de “Airbag” y de “I Might Be Wrong” en pleno.

Las canciones que escogieron para esa noche incluyeron, obviamente, las del nuevo disco, como “Lotus flower” que recibió una gran ovación. También estuvo presente “Identikit”, canción totalmente nueva que está siendo presentada en esta gira y que no forma parte de ningún disco hasta ahora.

Uno de los momentos más memorables de la noche fue después del primer encore —el encore es cuando la banda se va del escenario, la gente grita “¡Oootra, oootra!” y la banda regresa— cuando tocaron “Exit Music (For a Film)”. Por alguna extraña razón, cuando por primera vez interpretaron la misma canción en México, el 16 de marzo del 2009, se equivocaron y no lograron terminarla, por lo que, escuchar esa gloriosa canción completa fue un catarsis para mí y una deuda saldada para ellos.

Tocaron “Paranoid Android” y posterior a esta sacudida surrealista nos fuimos al segundo encore. Regresaron Thom y Jonny Greenwood que usó una sudadera roja para tocar “Give Up The Ghost” ellos solos. Un momento mágico donde dos seres humanos llenaron los corazones de miles.

El final de este magnifico viaje llegó con “Street Spirit (Fade Out)” en la cual, Thom Yorke termina dándonos un mensaje al que todos, fans o no, debemos hacer caso: Immerse your soul in love —Sumerge tu alma en el amor—.

Terminó el concierto, Colin Greenwood y Phil Selway pasaron al frente para dar las gracias junto con sus compañeros, el publico también agradece mientras yo regreso lentamente a la realidad después de dos de las mejores horas de mi vida.

¿Quién es el Callado?

El Callado es un tipo al que conozco. Pocos lo conocen como yo y eso es porque nunca habla —Eso aclara el misterioso apodo—.

A el Callado no le gusta hablar, pero le gusta escribir. Disfruta del arte en todas sus expresiones sobretodo de aquellas donde no necesite usar sus cuerdas vocales y, por supuesto, no le gusta bailar. Faltaba más.

A él le gusta leer. Gusta de robar las ideas y los estilos de otros. Los comentarios y frases son su obsesión. No le importa puesto que, difícilmente, la gente se da cuenta.

Alguna vez, el callado fue una persona muy parlanchina. Un niño que decía payasadas y tenía cierto defecto en el habla, por lo que todo lo que él decía, fuera lo que fuera, resultaba gracioso. En un momento, posiblemente el primer día de secundaria, todo cambió, dejo de hablar y se volvió reservado.

Rara vez hace amigos nuevos. Siempre que llega a un lugar, o toma un curso, o empieza a trabajar en algún sitio, la gente difícilmente nota su presencia. Él recuerda que una vez le preguntaron ¿Apoco vas en nuestro salón? El callado podría contar a sus amistades con los dedos de la mano de Vicente Fernandez Jr. El callado tiene pocos amigos, pero amigos verdaderos. Los conoció y nunca se fueron.

El Callado suele escuchar frases como ¿Porqué nunca hablas?, ¿Siempre eres así?, Eres raro. La gente usa describirlo como un tipo tímido, incluso creen que él es tonto porque nunca habla. Nunca ha entendido cuál es el problema. Porqué tiene el Callado que hablar todo el tiempo y con todo mundo.

Recientemente, mientras el Callado perdía el tiempo en Internet, descubrió un vídeo no pornográfico interesante —sí existen vídeos interesantes no pornográficos, por si alguien lo duda— donde la escritora Susan Cain defiende a las personas introvertidas. Ella explica que, en una cultura donde se valora el trabajo en equipo por sobre el talento individual, la gente tiene que trabajar en grupo aun prefiriendo hacerlo solo. Sin embargo, el deseo de sobresalir siempre estará presente en el espíritu humano, por lo que, las personas extrovertidas tendrán más posibilidad de notarse entre la bola y los introvertidos quedarán en las sombras. El Callado entendió entonces porque se les sataniza a las personas calladas y reservadas: No debes ser así. Todo es cuestión de enfoques. La sociedad dice que hables y al Callado le vale madres. Por eso, el Callado porta su sobrenombre con orgullo —que no se lo puso el solito, lo recibió de un gran maestro— y hace lo que le gusta hacer: comunicarse sin abrir la boca.

¿Me das permiso?

La vi en la sala de espera. Era morena, de ojos negros, cabello rizado, y llevaba una blusa de rayas blancas y grises como las que usan los presos en las películas. Laura era, sin duda, un sueño para mí. Nos habíamos topado un par de veces en la tienda de la secundaria. Nunca me había atrevido a hablarle. Pensé en lo grato que era verla en Semana Santa.

Mi mamá se sentó con mi hermano, por lo que yo me senté enfrente, al lado de la ventanilla. Cuando el vehículo estaba casi lleno, Laura subió. En el momento que pasó junto a mí, hicimos contacto visual. Creí que pasaría de largo pero ella se volvió para decirles a sus papás que se sentaría allí, justo a mi lado.

De inmediato percibí su perfume olor a manzana. Me ofreció una amplia sonrisa, la cual contesté con una mueca que pretendía ser agradable. Mi flujo sanguíneo se dirigió directo a la cara. La presión subía y sentí como si mis ojos se salieran de sus cuencas. A pesar de que hacía frío, empecé a sudar.

Un interminable e incómodo silencio nos acompañó todo el viaje. Ella se volvía para verme a intervalos mientras yo clavaba la mirada en el horizonte a través del cristal.

Hora y media después, por fin, le dije algo: “¿Me das permiso?”. Ella, entre enojada y decepcionada, me dejó pasar. Laura y sus papás continuaron en el autobús hasta la siguiente estación. Meses más tarde, mi compañera de viaje comenzó a salir con un chico de la preparatoria.

 

Con la mano estirada

Un día, Paola me dijo que un chico quería conocerme. Yo fingí no tomarle importancia, pero la verdad me puse muy ansiosa por saber quién sería. Ese mismo día, a la salida de la secundaria, el novio de Paola llegó a recogerla, pero esta vez iba acompañado de otro muchacho. Era un tipo alto, de cara bonita, ojos verdes, piel blanca y delgado. Pensé De dónde salió este niño. Tal vez es mucho decir, pero ¡Que guapo!

Por lo general, cuando llegaban por Paola, ella se despedía de mí y yo me iba solita, pero está vez ella me sentenció: Es él; Te vas con nosotros para que los presente. Me puse tan nerviosa que le dije que mejor me iba con mi prima que, por suerte, iba pasando. ¡Qué horror! ¡Qué pena!

Desde entonces, cada vez que veía a Emiliano (así se llamaba) los nervios me tiraban a todo lo que daban. Los pelitos de mis brazos se erizaban, mi corazón latía a mil, no por hora, por segundo, se me ponía la cara más roja que un jitomate cocido. Me emocionaba mucho al verlo, aunque sea de lejos. Sentía eso que llaman “mariposas en el estomago”. Me encantaba imaginar que él pudiera ser mi primer novio.

Mi amiga estaba a punto de cumplir 15 años y de que le hicieran su fiesta. Ella se veía muy contenta, y no es para menos. Me decía que yo debía irme preparando, que tenía que elegir un vestido bonito porque Emiliano estaba invitado y él sería mi pareja de baile. Me lo recordaba todo el tiempo. Hacía énfasis cuando decía la palabra “Emiliano”. Hasta me molestaba con que, después de la fiesta, él y yo seríamos novios y que haríamos muy linda pareja.

¡Por Dios! ¿Cómo será platicar con ese niño?¿Cómo será su personalidad? Será un galán creído y presumido o un chico tierno, bueno y noble. Pensaba en cómo sería la química o si pudiera darse una conexión entre nosotros. Paola me dijo que ya había platicado con él y que le parecía un niño muy buena onda aunque también era algo tímido y le costaba iniciar la platica. Entonces pensé en que teníamos algo en común. Definitivamente, eso hizo que me gustará más. 

Se llegó el día de los 15. Me puse un vestido negro con blanco que me llegaba abajo de la rodilla; me planché el cabello y me puse unos aretes largos que tenían una perlita y un poco de perfume; llevaba una chalina blanca y una gabardina negra, por si llovía. Estaba muy nerviosa pero contenta. Me reuní con mis otras amigas en la iglesia, y luego de la misa, fuimos juntas al salón. A eso de las 7 de la noche empezaron a servir los platillos. Estaba sentada con el resto de las chicas cuando vi cruzar la puerta al novio de Paola vestido de chambelán y, detrás de él, Emiliano, en un traje gris oscuro y una corbata verde que combinaba con su ojos. Pasó caminando cerca de mí; nuestras miradas se cruzaron. ¡Qué barbaridad! Mi corazón enloqueció.

Después empezó la música y todos se pararon a bailar. Las niñas me hacían señas cuando Emiliano se quedaba viendome. Yo me ponía muy nerviosa y no podía verlo por mucho tiempo. Noté como él, poco a poco, se acercaba a mí. Qué bonito se sentía, pero qué fuerte a la vez. Cuando parecía que por fin íbamos a bailar, se acabó la canción.

Habían movido las sillas y las dejaron acomodadas en dos hileras. Emiliano y el resto de los hombres se sentaron en una lado, y las chicas y yo, en el de enfrente. En eso pusieron “When A Men loves A Woman” de Michael Bolton. Los niños sacaban a bailar a la niña que les gustaba, Paola abrazaba a su novio en el centro de la pista y Emiliano y yo seguíamos sentados. Cuando vi que él se paró de su lugar pensé que me caería de la silla de la impresión. Él caminó lentamente hacía mí; parecía tener los mismos nervios que yo. Cuando él estaba más cerca de mí que nunca antes en la vida, sin decir nada, puso su mano para que yo la tomara. Me levanté, pero en lugar de sostener su mano, salí corriendo al baño muerta de vergüenza, y lo dejé allí, con la mano estirada.

Todos vieron lo que sucedió. Los papás, mis amigas, sus amigos, los meseros, todo el mundo se volvió, y luego, se hizo el silencio. Le hice pasar la peor humillación de su vida. No quise salir del baño hasta que mí mamá fue por mí. No quería volver a verlo a la cara. El remordimiento me mataba, pero tampoco podía acercarme y pedirle una disculpa. Después de la fiesta, Emiliano nunca se volvió a acercar a mí.